Cristo, cerviz de noche: tu cabeza al viernes otra vez, de nuevo al muerto que volverás a ser, cordero abierto, donde la eternidad del clavo empieza.
Ojos que al estertor de la tristeza se van, ya se nos van. ¿Hasta qué puerto? Toda la sed del mundo te ha cubierto, y de abandono toda tu pobreza.
No sé cómo llamarte ni qué nombre te voy a dar, si somos sólo un hombre los dos en este viernes de tu nada.
Y siento en mi costado todo el frío, y en tu abandono, a solas, hijo mío, toda mi carne en ti crucificada. Miguel Arteche
Pues el madero súbito traído no me atrevo a decir lo que pesaba: era un macizo líbano fornido que con dificultad se rodeaba. Alonso De Ercilla (1533-1594)
3 veces editada esta página. La última revisión ha sido realizada en Nov 28, 2014 10:31 am GMT por - txetxu_garaio.
al viernes otra vez, de nuevo al muerto
que volverás a ser, cordero abierto,
donde la eternidad del clavo empieza.
Ojos que al estertor de la tristeza
se van, ya se nos van. ¿Hasta qué puerto?
Toda la sed del mundo te ha cubierto,
y de abandono toda tu pobreza.
No sé cómo llamarte ni qué nombre
te voy a dar, si somos sólo un hombre
los dos en este viernes de tu nada.
Y siento en mi costado todo el frío,
y en tu abandono, a solas, hijo mío,
toda mi carne en ti crucificada.
Miguel Arteche
Pues el madero súbito traído
no me atrevo a decir lo que pesaba:
era un macizo líbano fornido
que con dificultad se rodeaba.
Alonso De Ercilla (1533-1594)
3 veces editada esta página.
La última revisión ha sido realizada en Nov 28, 2014 10:31 am GMT por -